Monarca mobile


El Monarca Móvil, camión de correos retirado del servicio, hacía sus entregas en las Islas de la Madeleine, antes de ir a parar al jardín delantero de un agricultor en Saint-Liboire, pueblo de la Montérégie, en Quebec.

La primera prueba del camión sobre la ruta resulta más o menos concluyente (« Ayer no hacía eso », afirma el antiguo propietario del vehículo). Patrick Beaulieu lo compra de todas formas a buen precio (CA$1400). Comienza entonces el tiempo de las metamorfosis.


Ajustes mecánicos

Los trabajos se entablan con el reemplazo del carburador y del tanque de gasolina (CA$400).

Asegurado en ángulo por un mecánico descuidado, el tanque sólo contiene suficiente gasolina para dos horas de camino, y tiende a regurgitar su contenido. Los tripulantes del Monarca Móvil perfeccionaron, a lo largo del recorrido, una técnica de llenado que escapa aún a los más hábiles despachadores de gasolina norteamericanos.

Los carteros viajan solos. La reparación mecánica se completa con la incorporación de una silla de pasajero sueca (CA$100), destinada al copiloto y poeta a bordo, Daniel Canty, y rescatada de un Saab abandonado.

El técnico en electrónica David Beaulieu (sin nexo familiar) equipa el camión con un sistema sonoro, en el que la pieza maestra es un altavoz móvil que puede fijarse en el techo.

Ayudado por el ebanista Carl Simard (su coinquilino), Patrick Beaulieu, acondiciona la caja del camión con elegantes paneles de madera pintados de gris y con dispositivos destinados a fijar los Soplos y a presentar una micropantalla, completando así la transformación del antiguo camión de servicio postal en galería ambulante.

Patrick Beaulieu vuela entonces (relativamente hablando) hacia una residencia de artista en Saint-Jean-Port-Joli.
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El jardín suspendido

En Saint-Jean-Port-Joli, Patrick Beaulieu continúa metamorfoseando el vehículo en «estación de paso» para las mariposas monarca.

Sobre el techo del camión planta un jardín suspendido : asclepias listas para acoger, en el reverso de su follaje, los capullos dorados de las monarcas.

Estela López Solís (prometida de Beaulieu y cómplice mexicana del proyecto), repinta el camión, recubierto de un rojo chillón desde su retiro del servicio postal, de blanco y negro.

Al exterior de la carlinga, ella escribe, con una caligrafía propia de los anuncios de Michoacán, el nombre de los dos «agentes transfronterizos» que pilotaron el camión.

La pared blanca del vehículo acoge su primera proyección el 15 de septiembre de 2008, en la zona de descarga del Centro Est-Nord-Est. Rostros de trabajadores braceros mexicanos se mezclan con el parpadeo de las alas de monarcas en la caja del camión. En el habitáculo, Daniel Canty recoge, gracias a una antigua máquina dactilográfica Underwood portátil, correos electrónicos para incorporarlos a una creciente nube de correspondencia del Vector monarca. La presentación se repetirá en los Estados Unidos y en México, en las plazas públicas de Nashville, Querétaro y Morelia.


Bautizo del camión

A los camiones mexicanos se les dan, con el fin de que su alma viaje sin peligro a lo largo de las rutas, curiosos nombres que se pintan a mano sobre la carlinga.

Llevados por el fervor del verbo, un español rudimentario y, ciertos alcoholes exóticos, Patrick Beaulieu y Daniel Canty dieron en un principio al camión, el nombre de Mariposa Móvil. Se grita ¡Mariposón!, en argot mexicano, para arengar a los homosexuales. Libre intercambio o no, el hecho de que dos muchachos circulen en tándem en un camión llamado así, siguiendo a la mariposa, hubiera podido tener consecuencias desagradables en algunas zonas de temperamento conservador.

La prometida mexicana de Patrick Beaulieu confirma, riendo, nuestro error. Monarca Mobile (versión francesa del nombre del camión (N. del T.), a pesar de los esfuerzos de rectificación, contiene no obstante, un error todavía. « Mobile » es francés o inglés y no se pronuncia mobilé, móvil es el término exacto. Esta grafía y esta pronunciación bastardas quizás convengan más al espíritu del proyecto transfronterizo.


Desfallecimiento caminero

Señalemos, en defensa de los mecánicos que aseguraron la reparación, que el camión, a lo largo de los treinta y cuatro días del Vector monarca, desfalleció mecánicamente sólo dos veces, y una, se quedó sin gasolina.

Un poco al sur de Nashville, en el 11er día de la travesía, día feriado de Acción de Gracias, las intermitentes del camión se rehusaron a funcionar. Un mecánico taciturno pero misericordioso, aseguró la reparación con un tubo de adhesivo epóxico.

Al 12o día, la falta de gasolina impone una parada al borde de un camino de Alabama, en el cual, innumerables mariposas anaranjadas se revelan, vistas de cerca, como impostoras (se trata en realidad de fritillarias sureñas).

En el 25o día de la travesía, a algunos kilómetros de Querétaro, la mecánica se enronquece y el camión queda paralizado. Una escuadra mecánica móvil asegura el rescate. El arcaico filtro del carburador pasó a mejor vida. Habrá que ir a la caza de esta pieza de repuesto a través de la ciudad, antes de retomar el camino.

Hay que dejar descansar al camión cada dos horas aproximadamente, para que el motor se enfríe y para verificar el nivel de aceite. El Monarca Móvil soporta mal las velocidades de la autopista. Un recorrido de más de veinte minutos a velocidad máxima acarrea un sobrecalentamiento mayor.

Podría agregarse a este breve catálogo de desfallecimientos del camión, el espectacular sobrecalentamiento del motor en la autopista suspendida, desprovista de acotamiento, que une Biloxi con la ciudad de Nueva Orleáns, en el 13er día de la travesía. La humareda llena completamente el habitáculo del vehículo cuando los copilotos avistan, aliviados, el primer taller mecánico de Luisiana.


Un monumento móvil

El Monarca Móvil pertenece a la época en que se descubrió el lugar de migración de las monarcas, cuando el canadiense Fred Urquhart (1912-2002) logró confirmar experimentalmente que éstas viajan en verdad desde latitudes boreales, hasta las montañas de Michoacán, en México.

La mayoría de las monarcas que consiguen llegar a Michoacán jamás regresan a su punto de partida. El Monarca Móvil estacionado definitivamente en las instalaciones del Museo de Historia Natural Manuel Martínez Solórzano de Morelia, ha devenido una escultura pública. Aloja una exposición permanente sobre el periplo del Vector monarca, humilde monumento de un recorrido monumental.